miércoles, 11 de marzo de 2009

La vida según Adán (por Bernardo Atxaga)

Enfermó Adán el primer invierno después de su salida del paraíso y asustado con los síntomas, la tos, la fiebre, el dolor de cabeza, se echó a llorar igual que años más tarde lo haría María Magdalena, y dirigiéndose a Eva, “no sé qué me ocurre” gritó, “tengo miedo” “amor mío, ven aquí, creo que ha llegado la hora de mi muerte”.

Eva se sorprendió mucho al oír aquellas palabras, amor, miedo, muerte y le pareció que pertenecían a una lengua extraña, ajena al paradisiaqués, y anduvo con ellas en la boca, masticándolas como pepitas, como raíces, hasta que creyó, amor, miedo, muerte, comprender enteramente su sentido. Para entonces Adán ya se había repuesto, y volvía a sentirse feliz, o casi.

Fue sólo, aquel hecho extra-paradisiaco, el primero de una larga serie, de modo que Adán y Eva siguieron, por así decir, recibiendo clases intensivas de la lengua que decía amor, miedo, muerte, aprendiendo palabras como cansancio, carcaj, carcajada, carcamal, canción, caricia o cárcel; a medida que crecía su vocabulario, las arrugas de su piel aumentaban.

La hora de la muerte, la verdadera, le llegó a Adán siendo ya muy viejo, y quiso entonces transmitir a Eva lo que había aprendido, su última verdad. “¿Sabes, Eva?”, le dijo, “la pérdida del paraíso no fue en realidad una desgracia. A pesar de los trabajos, a pesar de lo del pobre Abel y todos los demás conflictos, hemos conocido lo único que, noblemente hablando, puede llamarse vida”.

Sobre la tumba de Adán se derramaron lágrimas corrientes, de agua y sal, que cayeron a tierra y no criaron jacintos, ni rosas, ni flores de ninguna clase, y de todos ellos fue Caín el que con más desgarro lloró. Luego Eva recordó con cariño el susto de Adán cuando su primera gripe, y todos se calmaron, y se fueron, tomaron algo, comieron un bollo…

2 comentarios:

Yahuan dijo...

Pues resulta que muchas veces se dice de seres fantásticos, mitológicos e incluso alguno real, que tuvieron sangre por sus venas, que la vida les pesaba pero en remanso, que hicieron bien su vida, que vivieron bien. Y ahora resulta que todos tenermos una sola vida y la vivimos como si esta fuera una ahí de repuesto, como si no fuera la auténtica, parece incluso que vivimos más intensamente otras llenas de ficción, en películas, series, imaginación, que la nuestra propia, que no hacemos lo que tendríamos que hacer con nuestra vida, con nuestra vida hacer vida.

Pues na que esto se me ocurrió mientras iba leyendo así que aunque no creo que tenga mucho que ver lo dejo aquí para que el olvido se me lo vaya a llevar.

Saludando por aquí--

emilia dijo...

Estupenda tu aportación, Yahuan. A mí también me parece que vivimos la vida entera como si tuviéramnos muchas más, igual que dejamos escapar un día porque, bueno, nos quedan muchos... Pero no, por lo que parece esta vida es toda la vida que vamos a vivir.