jueves, 19 de noviembre de 2009

Sin ponerle nombre (por Fernando Pessoa)

Hoy me han leído a San Francisco de Asís.
Me lo leyeron y me quedé atónito.
¿Cómo puede ser que un hombre que tanto disfrutaba con las cosas
ni siquiera las mirara, no sabía qué eran?
¿Cómo podía llamar al agua mi hermana, cuando evidentemente no es mi hermana?
¿Para sentirla mejor?
La siento mucho mejor al beberla que llamándola cualquier cosa,
hermana, madre o hija.
El agua es agua y es bella sólo por eso.
Si me diera por decirle mi hermana,
al decirlo vería que no lo es
y que, siendo agua, lo mejor sería llamarle agua;
o mejor aún, no llamarle nada,
sino beberla, sentirla en nuestro pulso, mirarla
y todo esto sin ponerle nombre.

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