martes, 11 de noviembre de 2008

Un contrato sensual (por Fernando Pessoa)

Veo aquella mesa. Lo que veo, ante todo, (…) es una cosa de determinada forma, de determinado color, etc. Eso es lo que corresponde a la lejana hereditariedad de los sentidos, pues es lo que ven, exactamente igual que yo con pequeñísimas diferencias dependientes de la estructura personal del órgano de los sentidos, los demás hombres…

Veo, después (…), una mesa, lo que sólo puede “ver” quien haya vivido en un lugar, o en una civilización, en donde existan mesas, cosas de una determinada forma a las que llaman “mesas”. Ésta es la visión nacida de mi hereditariedad próxima: próxima, claro está, en relación con lo que la otra tiene de lejana.

Y veo, finalmente, una mesa que está asociada en mi espíritu a variadas cosas.

Veo todo esto, estos tres elementos de prejuicios con la misma visión, con el mismo golpe de vista, consustanciados, unos. Ahora bien, el defecto central de la inteligencia científica es creer en la realidad objetiva de este triple prejuicio…

La realidad es una convención orgánica, un contrato sensual entre todos los entes con sentidos.

(…) La verdad o media verdad subjetiva tiene su utilidad, una utilidad, por así decirlo, social: es lo que es común a todos nosotros, y, por lo tanto, para todos nosotros, en relación los unos con los otros, es como si fuese la realidad absoluta.

2 comentarios:

Jota Cé dijo...

Es agradable sentirse unido por los mismos gustos. He leído varias cosas en tu blog de Pessoa. Seguiremos el contacto. Si quieres puedo agregar tu blog a mis enlaces.

emilia dijo...

Gracias, Jota Cé, por tu visita. Paso a visitarte yo también y dejaré comentario en tu blog.